Cuando te vi entre la gente supe que no eras tú. Un cuerpo ancho se abultaba entre las sillas de un paradero tan ajeno como tus mañanas. Recordaba tu nombre, que no encajaba con la desnudez del rostro que se abría hacia mí. Pude no reconocerte, seguir creyendo con certeza que aquel no eras tú. Así, quizá, hubiera escapado a algunas circunstancias. Circunstancias que buscaban un funesto complemento que yo estuve dispuesta a ser, sin saberlo.
Por eso, no reparé en tu hombro sudoroso cuando busqué un abrazo tibio que quisiera abrigarme. Estaba cansada. Cuando te encontré, me aventé a dar mi primer respiro. Aun así, seguí jugando a esconderme para intentar desaparecer de mí, de ti. Aquellos intentos de escapar, mi eterna necesidad de sentirme buscada, habían traído tus pasos hasta mis espaldas. Con ellos, un sutil golpe. Ya no solo oiría tu voz torpe de reclamos innecesarios que, para aquel tiempo, eran tan dulces; ahora, veía tu rostro inflamado de ciertos pesares que intentaríamos fundir juntos.
Comienzos del 2009
1 comentaron:
¡CAROOOO!
¿Cómo te va todo? ¿Por dónde andas, que hace mucho que no sé de ti?
A ver si dentro de poco te conectas y hablamos un rato, o escribimos emails (te mandé uno hace una semana, no sé si lo has recibido) Besos
Publicar un comentario en la entrada