Las ofrecí. Suaves, menos rudas de las que hubieras querido que te ofrescan. Así ,te las ofrecí, sabiendo de tus interminables cuestionamientos. Estabamos perdidos. Yo tan perdida que las ofrecí tratando, sólo tratando, de poder arrojarte algunas verdades. Verdades que nunca mencioné. Tu hablar de niño consentido y superficial fue alidado de una lucha casi constante y fallida. Callaba: tu mirada nunca logró alancanzarme. Y terminaron algunas presencias, como la tuya, por saciarme el grito. Entonces, solo podía gritar de horror.
Así, regreso aliviada a donde he de regresar aún sola por un tiempo más. El intento solo es una engaño. Insegura siempre, el mundo terminaría por desnudarme. Pero mi intento fue ofrecértelas, limpias y suaves,con voz de niña desafiante. Quería jugar, jugar a intentar que podía. Las ofrecí desvalida pero erguida ante ti, te ofrecí mis manos porque las de una fémina no te interesaban, porque querías hablar y, es cierto, yo también.
Finales del 2008
3 comentaron:
Si tienes pájaros en la cabeza, déjalos volar
Las aves son interminables, aun así muchas han volado ya, dejando paso a que nuevas se posen en mi.
Tres puntos sobre lo escrito:
1º Debes ser más cuidadosa de las reglas ortográficas y caligráficas de las cosas que muestras o publicas. En este texto existen excesivos errores, que estoy convencido, suceden más por descuido y desidia –puedo dar fe de ello– que por desconocimiento.
2º Ahogar el grito es un suceso muy triste. Saciar el grito con lo primero que se encuentra (un cuarto vacío al que nadie llegará; un barranco donde ningún ser escuchará tus proclamas; una compañía muerta que solo provocará el marchite de tus tierras), es lamentable. Lo terrible es gritar de horror. Este es un grito de desesperación, de lamento, de dolor reciente. En este tipo de gritos ya no importa lo que se dice o cómo se dice... solo se grita porque uno no es capaz de soportar silenciosamente lo que le sucede.
Podría decirse que el grito de horror es propio (y hasta bien merecido) de los mancos que quisieron ofrecer manos. Podría decirse además (como usted ya lo ha dicho bien) que el intento de ofrecer manos es solo un engaño. Incluso podría decirse que el dolor es agradable y dentro de todo esto, a ti te gustaba ofrecer manos que no tenías para que te las cercenen.
Pero no diré eso, que a estas alturas y por estos tiempos ya no importa (porque probablemente ya lo sabes). Diré, sí, que nosotros ya hemos conocido la desesperación. Y que el conocerla nos brinda ahora una gran oportunidad, aprender a soportarla, sobrellevarla y hasta a evitarla de vez en cuando (solo de vez en cuando, porque a la desesperación no la podremos abandonar nunca, es parte de la intuición de nuestro destino).
Por otro lado, sería bueno decir (aunque también ya lo sepas) que jugar a intentar ya es intentar algo; que mostrarse como uno quiere ser y no como uno es verdaderamente, ya es mostrarse a sí mismo; que tratar de hacer algo, y no hacerlo completamente, es ya hacer algo...
Abandona tu inseguridad, que no te desnuden tus miedos, no hables con extraños y por último, ensucia tus manos de excrementos, barro y bazofia pura... el primero (y el único) que sea capaz de llegar a ti solo para lamerlas, merecerá verdaderamente tus manos.
3º Mis finales del 2008 fueron más fáciles, osea menos importantes. Ya había volado un par de veces y mis manos, sucias e inactivas, no fueron entregadas a nadie. Solitario y melancólico, acababa de aprender el maravilloso y frío oficio de robar libros. Impactado por los artilugios del placer, y aún con el miedo a confiar, fumaba y bebía más de lo que asistía a clases. Creo que ya había escuchado de ti o, probablemente, ya te había leído, no lo sé. Solo sabía que esperaba unas manos que alguien pueda ofrecer.
Al final, de este viaje en la vida, quedarán nuestros cuerpos cansados de ir a la muerte, al odio, al borde del mar. Al final, de este viaje en la vida, quedarán nuestros cuerpos invitando a vivir.
Al final de este viaje en la vida, quedará una cura de tiempo y amor, una gasa que envuelva nuestro viejo amor. Al final de este viaje en la vida, quedarán nuestros cuerpos tendidos al sol, como sábanas blancas después del amor,
Quedaremos tú y yo, intactos.
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